VIENTO DE VERANO


El aire caliente del ventilador secaba sus ojos, lo hacía parpadear cada dos segundos y seguía acalorado; el ruido constante de aquel inútil abanico lo había puesto de mal humor. Estaba obligado a respirar el mismo aire que su esposa exhalaba por la nariz o a veces por la boca y eso le daba asco, observaba el cuerpo desnudo de su mujer embarrando sudor en toda la sábana; no le atraía ahora como cuando eran recién casados, su pelo hecho nudos ni los mechones mojados pegados a la cara.
Era increíble que ella pudiera dormir con tanto calor. Él, sentado a la orilla de la cama ya se había quitado toda la ropa, respiraba fuertemente exhalando el aire con coraje.
Estaba sofocándose, un cuerpo generando calor comenzaba a asfixiarlo, un cuerpo que ya no era parte de él le estaba robando el oxígeno, observaba con desprecio las gotas que mojaban el cuello de su esposa y deseaba impaciente una ola de viento helado que secara su piel.
El olor daba vueltas, envolviéndolo, le causaba náuseas, era el sudor de ella, su cuerpo, su respiración, su presencia y su sueño burlándose de él.
Desenchufó el ruidoso ventilador; quitó la rejilla y luego cada una de las aspas, cortó de un jalón el cable, hasta quedar un arma perfecta.

Ahora abrazaba el cuerpo frío para refrescarse.

Michel Padilla

1 comentario:

Gaby dijo...

Bravo!!! Que bueno que ya alguien se animo...prometo poner algo pronto!