A Maira
Amanece. Tendido de costado rememora tonadas. Solo. Recuerda y revive las vibraciones que le hacen cosquillas, y pasa el día, la mañana, recordando, tarareando.
Atardece. El levantarse termina con su agonizante deseo. Emergen del vacío, sonidos torpes, palpitaciones que esperan calmar la emoción para entonarse… sonidos con pausa, sonidos repetitivos, sonidos opacos… sonidos sublimes, profundos que llegan de sorpresa, sin sentir el tiempo ni agotarse; El recinto brilla, él, siendo enorme se siente gigante, se ruboriza, la estancia se vuelve un constante eco de melodías.
Él, apasionado, contagioso y líder llena cada pedazo de sonido en blanco, logran una sinfonía de matices, él y ella.
Ella, Amanece; estudio, comida, aficiones y siempre tararea, impaciente estudiando, comiendo, amando.
Atardece, sus manos en constante movimiento desde que despierta, ahora se posan en las cuerdas, aliviadas de sus ansias, casi agradecidas, se mueven sin teoría, sin pensarlo, en éxtasis.
Así, anochece, los dos se tienen hasta que amanece. Él, tendido de costado.
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